Roxanne


Jueves 27 de Agosto, 1964

Harlem, Nueva York


Ay, cómo me mueven sus curvas, sus vibras tan espectaculares, su manera de

existir, esa era mi Chrysler Imperial de 1958. Qué ser tan hermoso, con su color

turquesa reflejándose delante de los ojos de cualquiera, pero en esa bella noche no

fue cualquiera, fue Roxanne. Roxanne, mi Roxy. Qué mujer tan tremenda, increíble,

abstracta, diferente. Sí, diferente de tal manera que me hizo olvidar mi Imperial. Y

por primera vez en mi vida, con ella, me sentí en paz.


1704 Charleston St. fue donde la recogí. Al verla, una descripción instantánea de

ella fue David Bowie en el 62, una mujer urbana con vibras amarillas y moradas a su

alrededor, brillando como una cápsula espacial. El asiento derecho del Imperial

nunca se sintió igual de cómodo y fascinante como esa noche.


Roxanne era una mujer de color, una mujer negra. Me recordó mucho a Carla

Thomas, cabello abundante, pose fuerte y ojos que empoderan. No era muy común

ver a un blanco y una negra juntos, especialmente en una cita, pero con Roxanne,

yo no veía color, Blanco Negro, todo lo mismo. Su voz, oh su voz, tan espesa

como… ¡como la melaza!, una voz tan fuerte que hipnotiza a cualquiera al sólo estar

en su presencia.


Harlem no es para todos, y menos para la gente blanca. Yo no cabía en esa

sociedad, pero con Roxanne sentí como si fuéramos uno, con la luna y la música.


Ella siempre preparada, retira un cartucho de ocho pistas de su bolso, de los Beatles

fue la música, mientras Can’t buy me Love sonaba dentro del Imperial, tuvimos

nuestra primera conversación. “¿Te gusta el cine?” me pregunta, en seguida le

contesto: “Sí, claro” , y como si fuera a contestarme, me deja en suspenso por unos

segundos, respira profundamente y dice: “Meh”, y así fue nuestra conversación.


Después de aproximadamente 5 minutos de silencio, podemos ver una fogata a lo

lejos, había música y gente bailando con carteles. Roxanne rompe el hielo y dice:

“Odio a los negros”, “No entiendo”, le respondí, “Siempre intentan ser diferentes y

aceptados en la sociedad al mismo tiempo, protestan en contra de la desigualdad

social pero al hacerlo, expanden su creatividad alejándose aún más de una sociedad

en la que nadie es igual”, fue en ese momento cuando me enamoré de ella.


Roxanne tenía una perspectiva de la sociedad y la raza humana, la que uno no

podía captar, criticaba su propia raza y cultura, con base en la realidad, Roxanne no

intentaba ser diferente, de tal manera que se hizo lo contrario a la sociedad. Con ella

yo no temía a la oscuridad porque ella era mi luz, no era una mujer, si no que era un

estilo de vida y una razón para existir.


Nos aproximamos al cinema y dice que no desea entrar, ya que al entrar debía

ingresar por la entrada de los negros, haciéndola diferente a los demás. Yo le dije:

“No te preocupes, yo entraré contigo y así no habrá diferencia”, y por primera vez en

toda la noche me sonrió. La gente nos hacía caras desagradables e insultantes, pero

nada de eso importaba con Roxanne.


“Dos boletos para Mary Poppins” le dice Roxanne a la cajera, “¿Mary Poppins?

¿Segura?” le contestó la cajera. “Sí” le contesta Roxanne, “Van a ser $10.50 por la

negra y $1.25 por el hombre”, agrega la cajera. Roxanne mientras más fuerte era su

ser exterior, era una persona muy sensible, esto causando que salga del cinema con

sus ojos llenos de lágrimas y al salir me afirmó: “Vamos a bailar”. Nos subimos al

Imperial y le dije “¿A dónde vamos?”, “De regreso a Charleston St., conozco un

lugar” me respondió Roxanne; amo a Roxanne.


Regresamos a Charleston St. y paramos en un bar llamado The blues cruise, en la

entrada sólo se podía ver luces fosforescentes de diferentes tonos de azul y morado.

Bailamos toda la noche por las siguientes 17 noches, hasta que Roxanne se fue, y

mientras más hablaba de irse, yo quería estar más tiempo con ella. Pero, la vida no

se sirve de esa manera, porque a fin de cuentas un hombre como yo no puede vivir

sin su mujer, y mientras veía su cadáver frío y pálido en el piso me di cuenta que ya

nunca se pudo ir, y su esencia para siempre estará conmigo.



Nissim Cohen.

"Una noche en nueva york, 1964".

Premio: mención honorífica certamen literario CDI.

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