Tan dulce como el amor de la venganza


No todo en esta vida es lo que parece, no todo es color ni mucho menos felicidad, o al menos eso pensé hasta que llegó a mi vida.


Todo comenzó con una simple mirada, sus ojos me decían algo. En ese momento, supe que él era para mi. Estaba equivocada, la vida no es como la muestran las películas de amor, es más injusta que la guerra, donde luchas sabiendo que no ganarás, pero igual sigues luchando hasta el momento que la vida ya no tiene ningún sentido.


Todo ocurrió en el invierno de 1916, cuando mi vida apenas comenzaba a tener sentido, lo único que me faltaba para ser feliz era un hombre que me quisiera y me recordara todas las mañanas lo bella que me veo. Es ahí cuando conocí a Gilbert Cameron, el joven más apuesto de todo Inglaterra. Caí enamorada, pérdida en la ilusión una y otra vez mientras los segundos cerca de él transcurrían.


Se acerca a mi y no se cómo reaccionar, el aire se me va de pronto con solo verlo pasar, pero él se sigue derecho sin ni siquiera dedicarme un saludo.


Solo tomó un día para que me lo vuelva a encontrar, pero esta vez me dio el saludo que tanto había esperado, pidiéndome que lo acompañe al parque a dar una vuelta. Acceder a él ha sido el peor error de mi vida. Pasaron los meses y me fui enamorando cada vez más de su perfecta sonrisa, esa mirada que tanto me hipnotizaba, lo que no sabía era que esa hipnosis estaba consumiendo mi vida poco a poco.


Fue un mes después de la boda cuando todo comenzó a cambiar, él ya no era el mismo y yo seguía creyendo que volvería a ser el hombre del que me enamoré, pero no fue así. Yo solo era un objeto más para él. Todas las mañanas era lo mismo, al despertar, me daba órdenes precisas de lo que tenía que hacer en el día para satisfacer sus necesidades. Lo que yo no sabía es que si no acababa mis quehaceres, la violencia iba a ser su respuesta.


Tenía ningún sentido, el amor que sentía por él no era correspondido como creía. Después de dos años y medio de matrimonio pude por fin entender la desgracia en la que había caído, lamentablemente cuando me di cuenta, me percaté de todas las costillas rotas que tenía por su culpa, o tal vez por la mía, por pensar que iba a volver a ser el mismo de antes.



Cada vez que él llegaba a casa, me tomaba de los brazos agresivamente bajo las circunstancias del alcohol pidiéndome que le enseñe mis quehaceres, pero esta vez no fue así. De pronto escuchamos un llamado de la puerta, fui a atenderla de inmediato con miedo a que me lastime de nuevo. Escuché una voz, era de su amante.

En cuanto la vi lo supe, ella estaba esperando un bebé de Gilbert, algo que a mí nunca me quiso dar. Fue en ese momento cuando decidí correrla de mi casa y comenzar a crear un plan de venganza. Gilbert Camerón me iba a pagar por todo lo que me había hecho.

Al día siguiente antes de su llegada a casa, preparé una cuerda y una silla que me servirían de ayuda para lograr cumplir mi objetivo. Cuando fui a atender la puerta y lo recibí con su cena preparada en la mesa, le informe que me había faltado un quehacer del día de hoy. Agresivamente se levantó de la mesa para golpearme otra vez, lo que él no sabía es que el quehacer que me faltaba no era uno de sus encargos.

Lo llevé a la sala de la casa en donde estaba lo que ya había preparado, lo empujé y lo até a la silla, y le informé que estaba por cumplir mi último encargo del día. Fue ahí cuando verdaderamente le encontré el sentido a mi vida, vengarme de él y acabar conmigo.


Como dije antes, la vida no es un cuento de hadas, no todo es color ni mucho menos felicidad, o al menos hasta que cumples tu objetivo, en mi caso, la venganza.

Es por eso que tomé la decisión de atar una soga en mi cuello mientras él observaba rogándome que no lo hiciera. Me dijo de nuevo que las cosas iban a cambiar, pero ya era demasiado tarde para otra de sus mentiras.



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Primer lugar cuento anecdótico certamen CDI

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